La justicia funciona solo cuando conviene

Doce bolivianos fueron sancionados por presunta corrupción vinculada al narcotráfico. Definitivamente la acusación es gravísima. El fiscal general Mariaca, que también fue acusado, habría “solicitado y aceptado sobornos para facilitar el narcotráfico y ayudar a delincuentes violentos a evadir la justicia”… Siendo sincero tengo muchas dudas. Ojo, no de la corrupción de Mariaca, de eso no tengo dudas, sino del timing. Porque las casualidades en política son raras, aunque sí existen, pero cuando son tantas y tan convenientes, uno empieza a sospechar que no son casualidades, sino cálculos fríamente pensados.

Dudo mucho que Mariaca sea un santo. Fue un fiscal descaradamente funcional al gobierno durante mucho tiempo. Guardó sepulcral silencio cuando debía hablar, miró a un costado cuando le convenía, y durante su gestión sucedieron cosas muy oscuras; las narcomaletas, las cajas fuertes de Marcet, el contrabando de oro, entre otras cositas. Nadie de afuera dijo nada entonces. Porque Mariaca era un instrumento útil. Ahora que el hombre decide actuar en el caso Cerimedo (alguien incómodamente cercano al gobierno) aparece una sanción. ¿Qué casualidad, no? Justo cuando el presidente Paz regresaba de su viaje a Estados Unidos, qué casualidad.

Y en mi opinión aquí está el problema de fondo. La justicia boliviana, durante décadas, fue una escribanía del poder de turno. Los jueces fallan según la orden del día, los fiscales persiguen a los enemigos del gobierno, los mismos fiscales protegen a los amigos del gobierno, los vocales apoyan al mejor postor. La justicia funcional sostiene el circunstancial poder. Pero hoy, un fiscal osa investigar a alguien cercano al gobierno y de inmediato aparece una sanción desde afuera.

¿Acaso la justicia solo vale cuando favorece a los gobiernos de turno? Todos los gobiernos dicen livianamente que respetan la independencia de poderes, que respetan la Constitución Política del Estado, que respetan las reglas del juego. Pero… Hay algo que no cuadra. Y la población se da cuenta y no tiene otra más que mover la cabeza de lado a lado con reprobación, es indignante.

Pero mientras estamos sorprendidos, el gobierno hace lo que mejor sabe hacer, echar la culpa a otros. La corrupción es de Mariaca, la crisis es de Evo, la gasolina basura es de los cisterneros, los bloqueos son de los narcoterroristas. Nunca es culpa de ellos. Nunca cometen errores en su gestión. Nunca tienen vínculos cuestionables.

No me importa si Mariaca es culpable o inocente. Lo más probable es que sea culpable, como muchos que han pasado por ese cargo. Pero el problema no es ese. El problema es el sistema que funciona así, manteniendo gente mientras sirva. El problema es una justicia que nunca fue independiente, ni antes ni ahora. Y el gran problema es la decisión del gobierno que usa a un país extranjero para resolver sus problemas internos.

Que quede claro, no defiendo a Mariaca. No defiendo a nadie. Solo digo que el mensaje es clarísimo “no hay que salirse del libreto”. Eso no es justicia, lo peor es que aún no sé qué será.

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