Opinar sin saber, el negocio de los medios que fabrican “analistas” y “expertos”

Confieso que cuando empecé a escribir este artículo, fue como reacción a la barrabasada que dijo Sayuri Loza sobre el magisterio, una afirmación suelta de responsabilidad donde pone a la mayoría de los maestros como gente sin valores y sin vocación. Ese juicio sin datos, se ganó el repudio de quienes sí saben lo que es pararse frente a un aula. Pero a medida que revisaba sus apariciones, me di cuenta que el problema no era ella. Un personaje tan nefasto es solo un síntoma. El verdadero problema son los medios que le dan tribuna. Que la convierten en “analista”, “especialista” o “experta” cuando evidentemente no tiene conocimientos sobre ciencia política, economía, federalismo, educación o liderazgos nacionales. Muy diferente de sus intervenciones de historia del arte donde a veces si es más aterrizada.

Y no es que los medios no sepan quién es ella u otros personajes similares, es más lo saben perfectamente. Saben que o quien vende, quien genera rating, a quien la gente poco informada reconoce. Y por eso la ponen en el panel de Yo Elijo en las elecciones, por eso le hacen entrevistas en EL DEBER, por eso constantemente le dan espacio en programas de Unitel. No porque tenga algo importante que decir, sino porque el apellido pesa más que nada y lo que dice va alineado a sus intereses.

Hay un auge de “opinadores sin oficio ni beneficio”. Personajes que no son periodistas, que no son politólogos, que ni siquiera son académicos. Y ojo que no se malentienda, no estoy hablando de títulos universitarios o cartones (que a veces se obtienen por privilegio o de maneras más oscuras), sino de algo que es más evidente, ¡Estudio real! ¡Conocimiento! ¡Lectura! ¡Criterio! … No marketing. Pero son ellos quienes ocupan espacios que antes pertenecían a verdaderos expertos y profesionales en diversos temas. Si no me equivoco, ya antes la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia denunció la precarización de la profesión, con casi 80% de periodistas que trabajan de manera inestable y precaria. Pero mientras los periodistas de verdad son ninguneados y a veces desplazados por niñas bonitas o circunstanciales influencers, los opinadores sin formación copan las primeras planas.

Teun van Dijk lo explico con claridad en sus estudios sobre ideología y discurso. Los medios no son neutrales. Son aparatos de reproducción ideológica que operan bajo una lógica de “manufactura del consenso”, repiten, amplifican y legitiman ciertas voces mientras silencian otras. Cuando un medio pone a un “x” a hablar de política, no está haciendo periodismo, está haciendo activismo encubierto. Está usando su llegada al público para instalar narrativas que le conviene a su línea editorial. Y lo hace con la complicidad del público que consume el producto sin preguntar quién está detrás del micrófono.

Este caso es ejemplar en ese sentido. Una persona que se declara anarquista, pero elogia el agronegocio como “lo que nos va a sacar de la crisis”. Que propone federalismo, algo que no es una bandera del cruceño de a pie, sino de sus más oscuras élites. Que analiza el ascenso de Rodrigo Paz como “el gran ganador”. Y que cuando los medios le preguntan sobre los maestros, responde con juicios de valor sin un solo dato que respalde sus sesgados argumentos. Hay que tener claro el panorama, ella al igual que otros en pantalla NO SON ANALISTAS, SON MILITANTES. Pero los medios los presentan como voces imparciales y eso a todas luces es un vil engaño.

La crítica entonces, debería profundizar para desmontar la estructura que la sostiene, seguramente encontraremos medios de comunicación que convierten un posible y sano debate público en un circo, donde los dueños de estos medios deciden quién opina y quién no, no por su conocimiento, sino por su capacidad de generar rating o empatizar con sus posiciones ideológicas. Todo dirigido a una audiencia que esta mareada que termina creyendo que cualquier opinión vale lo mismo que un análisis riguroso. A estos últimos les recordaré que también existen las opiniones de m…, y no siempre merecen ser respetadas. Mientras las cosas sigan así, prestando micrófonos a quien sea, la credibilidad seguirá cayendo. Y la gente más inteligente preferirá apagar la televisión.

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