La feria del libro, el negocio de aparentar cultura

La Feria Internacional del Libro ha culminado hace algunos días, estuve presente en varias jornadas y la verdad me quede con una mezcla de sentimientos entre esperanza y escepticismo. La esperanza de que quizás, solo quizás, algo cambie. El escepticismo de saber que lo más probable, es que no sea así. Porque la feria del libro en Bolivia, con todas sus actividades y su discurso de “fomento a la lectura”, parece ser más un escaparate que una verdadera política pública de promoción lectora. Y eso lástima mi alma de lector, porque revela cuales son nuestras prioridades como país.

Decir que en Bolivia no existen políticas públicas efectivas para promover la lectura es obvio. La feria, en La Paz, es un evento estrella de la lectura, es el gran gesto que visibiliza las supuestas buenas intenciones de las autoridades de turno, pero cuando termina todo vuelve al desierto absoluto de siempre. Las vacías bibliotecas públicas quedaron atrapadas en el tiempo, con dinámicas absurdas que no han variado en décadas, donde los libros están ocultos para que la gente no ose llevárselos ni fotocopiarlos. Y cuando llega una actividad como la feria del libro, los precios son inalcanzables para el grueso de la población, ese mismo grueso que sería el potencial lector que tanto dicen querer capturar. La Editorial del Estado, por ejemplo, ofrece libros desde 2 Bs. y eso es loable, pero eso no basta si es que el acceso a la cultura sigue siendo un privilegio de clase.

Lo que más me irrita, no es solo el precio. Es la feria misma. Porque caminar por sus pasillos es encontrar de todo un poco y también libros, el stand más exitoso fue aquel que limpiaba sus lentes gratis ¿pueden creerlo? Hay presentaciones de música, obras de teatro, talleres de cómic, espacios interactivos para niños, gastronomía, moda y hasta una programación que vincula la literatura con el cine, la ciencia y “la cultura fandom”. No digo que estas actividades sean malas en sí mismas, de hecho ayudan en parte, pero cuando una feria del libro dedica más espacio a lo que no es libro, hay que cuestionarse ¿esto es una feria del libro o un parque de diversiones culturales con librerías de fondo?

Mucho me temo que la Feria del Libro se ha convertido en un evento solo de “cumplimiento”. Una actividad para decir a través de los medios, que se está haciendo algo por la lectura, aunque en el fondo se esté haciendo muy poco. Los organizadores celebraron sus más de 600 actividades y la basta cantidad de visitantes, cuando la mayoría fue por ver los grupos musicales en vivo y otros motivos. Entonces me pregunto ¿cuántos de esos visitantes compraron uno de esos caros libros? ¿Cuántos de los que compraron los leerán realmente? Porque hay una diferencia entre comprar un libro para leerlo y comprar un libro para lucir como alguien “culto”, en este segundo caso el libro se convierte en un simple adorno, para mostrar estatus, para decir “mírenme, yo leo”. Y no sé si eso es peor que no leer. Probablemente sí, porque implica un engaño consciente.

Luego están los “traficantes de libros”, esos que sabemos que compran libros usados por cantidad en ferias como la 16 de julio, y que luego los venden al triple del precio adquirido, aprovechando que no hay una política de precios accesibles que llegue a todos. A esos los detesto, porque le quitan la oportunidad de comprar esos libros a precios económicos a verdaderos lectores o intelectuales bolivianos. En la feria del libro, esos mismos libros nuevos son caros, los usados son especulados, y el lector de a pie termina viendo los precios como un lujo que no puede permitirse. Y si no los puede comprar, tampoco los va a leer, la lógica es tan simple que duele y para alguien como yo que promueve la lectura duele más.

No quisiera sonar del todo pesimista. Tener la Feria del Libro es mejor que tener nada. Pero mientras siga siendo un evento solo de cumplimiento, una vitrina para que las autoridades y los medios digan “miren, estamos haciendo algo”, el problema de la lectura en Bolivia seguirá siendo el mismo. No se trata de tener una feria, se trata de tener políticas públicas que hagan que la lectura sea accesible, deseable y cotidiana. Mientras tanto, seguiremos teniendo un espejismo cultural aprobado por una sociedad que cada vez lee menos y que para colmo no toma decisiones para cambiar esta horrible realidad.

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