En este último tiempo conocí muchas personas que creen seriamente que Bolivia está fracturada. Y a través de la lectura llegué a hacerme algunas preguntas entre ellas si alguna vez realmente fuimos un solo país Ahora más que nunca me parece que no es así. Porque jamás estuvimos unidos. Desde hace décadas somos dos sociedades muy distintas que pretendemos poéticamente caminar juntos, pero preferimos no mirarnos y cuando las miradas se cruzan, parece que evitamos tocarnos. Tenemos dos Bolivias muy distintas, una es la Bolivia que manda, y la otra es la Bolivia que siempre estuvo pensada para servir y obedecer. Se debe tener claro que esto no es un accidente. Es la estructura que nació con la invasión y que hasta la fecha no ha cambiado.
La estructura… esa injusta estructura, esa que premeditadamente dijo que algunos debían estar abajo, que dijo que nuestra cultura es un estorbo, que los idiomas originarios son un retroceso, que las formas de los pueblos son de salvajes. E irónicamente lo consiguieron todo a punta de violencia.
Usaron la educación para enseñar a los pueblos a avergonzarse de lo suyo, les recordaban a los indios constantemente cuál era su lugar, abajo. Les hicieron creer que si se esforzaban al máximo podrían avanzar, aunque sabían que eso no era verdad. Parece que eso solo funcionó en quienes hoy se consideran clase media (ojo la mayoría no lo son, pero piensan que lo son, es parte de la estrategia). No entendieron que solo lograban que algo se acumulara, lógicamente en algún momento tenía que explotar. Y cuando explota, la Bolivia de abajo protesta, sale a la calle, toma carreteras, se organiza. Entonces la Bolivia de arriba no se asusta ni se sorprende, con total control de su violencia, busca salidas que los mantengan arriba, hablan de “conspiración” y “desestabilizadores”. Nunca pueden aceptar que hay sujetos políticos que piensan por sí mismos. Se inventan fantasmas que dirigen todo, asumiendo que los otros son demasiado ignorantes para tener ideas propias. Pero ¿qué creen?, el indio tiene cabeza propia y sabe cómo organizarse.
Llevamos semanas viendo marchistas con distintos reclamos, de todo el país. Pero prefieren manejar una versión que diga que son solo unos pocos. Todos notan la masividad, pero decir que son un minoría les funciona con esa gente que se lo cree todo y que luego se organiza y sale a actuar como lo que critican “salvajes” rompiendo lo que representa al otro y dejando claro su nivel intelectual. Ante esa realidad, solo atinan a lanzar más cortinas de humo, que demuestra que siguen empecinados en repetir la misma lógica de siempre. Sí, somos dos sociedades superpuestas, ambas nos tememos y a veces chocamos. Esa es la gran contradicción, es la historia misma.