A estas alturas es casi risible darnos cuenta cómo llegamos a donde estamos, escuchar a nuestras autoridades políticas es como ver a alguien que tropieza por su descuido y que señala al que está al lado para culparlo. El gobierno tiene una habilidad muy interesante, cada vez que algo sale mal, el responsable es otro. La gasolina contaminada fue culpa de los funcionarios corruptos de YPFB, culpa de los cisterneros, culpa de las estructuras mafiosas que no pudo controlar. El desabastecimiento es culpa de los bloqueos, es culpa de los que protestan, es culpa de todos, porque no entienden su cada vez menos mencionado “capitalismo para todos” es la solución. La crisis económica, es culpa de los gobiernos anteriores, menos de Jeanine Añez, ya que es su amiga, así que es mejor omitirla convenientemente. Eso sí, nunca es culpa del presidente ni de su gabinete.
Pero aquí surgen varias preguntas ¿No les parece humillante y discriminador pensar que los dirigentes de la Tupac Katari, los mineros de Colquiri, los maestros rurales o los transportistas no tienen cabeza para conducir sus propias luchas? Dan por sentado que los ponchos rojos son marionetas manejadas desde el Chapare. Me irrita pensar que algunas autoridades, no soporten ver al pueblo organizado, con autonomía para decidir cuándo marchan, por qué marchan y contra quién marchan. Y como no pueden aceptar esa realidad, necesitan inventarse un titiritero.
Un recurso tan pregonado como es el dialogo, parece que ya se acabó. ¿Cuántas veces se han sentado los dirigentes con los ministros para que al final les incumplan? ¿Cuántas veces los mineros han explicado lo mismo? Los maestros hicieron un paro y hoy siguen esperando respuestas. Los paceños están hastiados de que les fallen una y otra vez. Y la culpa no es del Evo, aunque eso quieran posicionar mediáticamente, él ya no gobierna hace rato. La culpa es de quienes tienen la responsabilidad de gobernar hoy y no lo hacen bien.
Parece que en la lógica de este gobierno, todo puede funcionar como una cortina de humo que cada vez es menos espesa. Porque un día sale un viceministro reproduciendo audios que resultan ser falsos y de hace varios años atrás, y al otro día sale un diputado presentando un camaleónico exdirigente que vocifera de manera lastimera una nueva conspiración y financiamiento de las movilizaciones.
Mientras tanto, la verdura sube de precio, la canasta familiar se encarece y los salarios no alcanzan. Y ellos, en lugar de resolver los problemas reales, se entretienen cazando fantasmas. Es evidente que la conducción de esta movilización ya no está en manos de ningún político. Está en el pueblo boliviano organizado. La COB, los campesinos, los transportistas, los vecinos que ya no soportan, todos ellos están tomando la posta. Parece que la paciencia se agotó, Rodrigo Paz la puso a prueba hasta el máximo y ya se agotó. Y cuando el pueblo se levanta y empieza a caminar, no hay cortina de humo que los ciegue, camina solo, y eso, para los que viven de la política, es lo que más les asusta. Porque ya no tienen a quién culpar. Solo a ellos mismos. Y eso, en política se llama fracaso.