Una ley que nadie pidió, una marcha que no se pudo parar

Veintisiete días caminando desde Pando, hasta llegar a La Paz. La marcha indígena contra la Ley 1720 finalmente logró llegar, y lo hizo con dignidad, algo que parece que el gobierno no sabe reconocer. Los dirigentes pusieron un ultimátum, 24 horas para abrogar la ley. Si no, “tendrá que irse del país”, advierten. La expresión es dura, pero veintisiete días en el camino no se aguantan por capricho y endurecen las palabras.

Una mujer de 51 años que vive en Riberalta, resume el miedo de todos “Nuestro mayor temor es que los terratenientes se queden con nuestras tierras”. La Ley 1720 permite convertir la pequeña propiedad en mediana. Suena bien, suena técnico, como a algunos les gusta, pero en la práctica significa que la tierra que ha sido de su familia por generaciones puede terminar en manos de un banco o de un empresario. La Constitución lo prohíbe pero al gobierno no le importa.

La marcha llegó con dignidad. Alguna activista visible quiso sumarse y fue rechazada. Es comprensible, no es una lucha para los “figuretis” es una lucha netamente indígena y campesina. Otros sectores citadinos intentaron mostrar su apoyo, con agua, ropa y comida, que en algunos casos es solo para cumplir su rol o para la fotografía. Incluso aparecieron los que creen saber lo que el pueblo necesita, pero tal vez no comprenden que esta no es su lucha, que quizás no la entienden, que nunca la han vivido. Pero bueno, al final apoyo es apoyo.

Pero al margen de la marcha indígena, esta no es la única preocupación del gobierno. Esta semana, Rodrigo Paz tendrá al frente seis conflictos abiertos. Los transportistas de Yungas aún mantienen bloqueos a pesar de los acuerdos de sus dirigentes. La Confederación de Choferes ratificó paro nacional con bloqueo de carreteras. Los campesinos de la Tupac Katari se suman con bloqueos en las 20 provincias de La Paz. La COB anunció un paro general indefinido. El dólar referencial, que dije antes es una forma de devaluación, superó los 10 Bs. Todo al mismo tiempo.

El presidente dice que “todo el sistema está quebrado”. Lo repite hasta el hartazgo. Posiblemente tenga razón en su obvio diagnóstico, pero eso no lo saca del problema. Su gestión, que ya lleva seis meses lo único que ha logrado es que la quiebra sea más evidente. Prometió “capitalismo para todos”, pero termino siendo recesión para todos. Prometió “gobernar con todos”, pero termino gobernando solo con los empresarios, y a nosotros nos subió el pan, la gasolina y la canasta familiar.

Ahora dice que la gasolina limpia está garantizada mientras no haya bloqueos. Es decir, que con todas las promesas incumplidas, ¿ahora se atreve a condicionar el abastecimiento a cambio de paz social? Lo que dije antes y lo repito, eso no es gobernar, es evadir, es chantajear. Primero fue la gasolina mala, y culpó a estructuras de corrupción en YPFB, a los cisterneros y hasta incluso a Evo Morales. Ahora amenaza con desabastecimiento si es que surgen protestas. Preocupa que use un libreto tan viejo y conocido, pero la paciencia de la gente tal vez ya no aguante tantas excusas.

Los marchistas indican que no se irán hasta que la ley sea abrogada. Creo que no piden mucho. Básicamente piden volver a sus poblaciones con la certeza de que esas tierras seguirán siendo suyas. Si el gobierno no entiende eso, si sigue viendo conspiraciones donde solo hay hambre y desesperación, entonces no deberá extrañarse de que la población tenga la percepción de que está fallando como gobierno. De seguir esta situación, el presidente Paz estará empujando a más bolivianos a movilizarse y ya no tendrá que buscar conspiraciones para explicar su fracaso. Le bastará con mirar la calle.

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