Cuando el pueblo se moviliza y la Universidad olvida su historia

La Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) publicó un comunicado que realmente duele. Duele ver a la UMSA, esa que alguna vez fue trinchera del pensamiento crítico, explicando con lenguaje burocrático que su coliseo está en refacciones. “Dos semanas”, “Motivos técnicos”, “No es por falta de solidaridad”, dicen. Todas son evidentes excusas. Mientras tanto, ahí afuera, los que caminan desde lejos, lentamente se acercan a La Paz con la dignidad intacta, pero con los pies destrozados y eso solo los sabemos aquellos que hemos estado en el camino.

Porque la UMSA no es cualquier universidad. Es la UMSA. Es la misma que en los años setenta y ochenta era un hervidero de ideas, era un espacio donde los estudiantes no solo aprendían, sino que se organizaban, marchaban, intentaban cambiar nuestra realidad. No sé si se entiende mi indignación, ¡Hablo de historia! Hablo de cuando el movimiento universitario era el brazo crítico del país ¿Qué pasó con la UMSA? ¿Cuándo dejó de formar conciencia crítica para pasar a formar burrócratas?

La universidad que alguna vez abrió sus puertas a los mineros y a los campesinos, ahora cierra sus puertas con un comunicado bien redactado y un sello oficial. Eso no es gestión, es traición a su propia historia.

Y mientras tanto, el gobierno de Rodrigo Paz sigue con su libreto. El vocero presidencial, sale a hablar de supuestos “procesos conspirativos”, de “grupos que buscan generar caos”, de “intentos de desestabilización”. La historia nos enseña que eso ya lo hemos escuchado antes. Cuando el pueblo se moviliza con números importantes, por cualquier motivo, la respuesta oficial siempre es acusarlos de golpistas, de conspiradores, de enemigos de la democracia. Eso es evadir, no gobernar.

La COB definirá medidas de presión, el magisterio prepara sus movilizaciones, los choferes de Yungas salen a las calle pidiendo resarcimiento por la “gasolina basura”, los mineros amenazan con paralizar el país. Y para rematar, llega un Mayor General del Ejército de Estados Unidos, supuestamente a “fortalecer vínculos militares”. Casualidades de la vida supongo, justo cuando el gobierno tiene en puertas la peor crisis en sus cortos seis meses, le aparecen salvadores venidos de afuera.

Ahora es claro que “Bolivia, Bolivia, Bolivia” era parte de las bonitas pero vacías palabras. Porque la gente no come palabras, la gente come comida, la gente necesita combustible de calidad, salarios que alcancen. Y el gobierno, en lugar de resolver, empieza a culpar a todos menos a ellos, y no se dan cuenta que ese discursito ya no les funciona.

Me pone triste leer la historia o los relatos de lo que alguna vez fue la UMSA combativa. Porque cuando la universidad abandona el análisis crítico, cuando el gobierno se refugia en excusas que nadie cree, cuando los militares extranjeros vuelven a pisar suelo boliviano lastimando nuestra memoria, el pueblo queda desamparado, queda otra vez solo.

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