Luego de una “interesante” jornada electoral, el presidente Paz dice que Bolivia cierra el ciclo del partido único y que abre una nueva etapa. Una frase que en boca de cualquier político, suena bonito. Pero que, en lo que Paz llama pluralismo, se tiene en realidad, un Tribunal Supremo Electoral que fabrica resultados a medida. Y ahora, para finalizar su obra, anuncia una reforma al sistema electoral. Aquí mucho cuidado, porque lo que viene podría ser peor.
Luis Revilla es nombrado gobernador de La Paz con solo trece por ciento de los votos, ¡Trece! No ganó en las urnas, ganó en un escritorio del TSE cuando sospechosamente otro partido, que acostumbra hacer todo por dinero, se bajó y los vocales hicieron el resto. Lo que debía decidir el pueblo lo decidió un puñado de funcionarios. La parcialidad del tribunal es tan evidente que ya ni siquiera se esfuerzan en disimular, Revilla es el candidato de Rodrigo Paz y esto es de conocimiento público.
Si esto aún no parece un síntoma, tomemos otro ejemplo, que alguien me explique qué paso con el caso de E-Pueblo, antes E.V.O. Pueblo. Según su dirigencia, primero, un procedimiento que debería tardar un par de semanas, termina dilatándose por más de 4 meses, todo ese tiempo para decir NO. Las observaciones que les hicieron son risibles. Les observaron el color de su bandera con el argumento de que “ya hay muchos partidos con color azul”. Luego les prohibieron usar el nombre “Evo” aunque este sea un acrónimo, esas entre muchas otras observaciones rebuscadas.
Si Tuto Quiroga creara una sigla llamada T.U.T.O., se la aceptarían sin problema, es más, si la llamara EVO, igual se la aceptarían. Porque el tribunal no tiene problema con los nombres ni con los colores, tiene problema con quienes no le caen bien al gobierno de turno.
Y mientras tanto, en La Paz el voto nulo y blanco ganó. Sacó más porcentaje que Revilla. Pero el TSE ignoró a todos y proclamó gobernador a quien perdió en la calle. La gente votó y dijo “ninguno de ustedes” y el tribunal respondió “me vale, nos da igual”.
Ahora Paz habla de reformar el sistema electoral, algo que todos saben que está mal. Pero en las actuales condiciones ¿Para qué? ¿Para que el TSE observe también el largo de las polleras de las militantes? ¿Para que los trámites sean largos para unos e inmediatos para otros? Cuando un gobierno que acaba de beneficiarse de un engaño de escritorio anuncia una reforma, no esperemos más democracia, esperemos más control. Cambiarán los plazos, el financiamiento, las reglas, todo para que las representaciones populares tengan cada vez más difícil participar y ellos sigan operando sin trabas.
Bolivia NO necesita una reforma electoral a medida. Necesita un TSE que sea árbitro sin dueño. Mientras tanto, seguiremos votando para que después el tribunal decida por nosotros. Y esa no es democracia, es una triste comedia.