La contrarrevolución agraria de Rodrigo Paz

Al parecer, Rodrigo Paz ha encontrado la fórmula perfecta, decir que es “voluntario” aquello que la Constitución prohíbe. La Ley 157, que permite la conversión de la pequeña propiedad en mediana, llega envuelta en un discurso de supuesto desarrollo productivo, acceso al crédito y libertad para el siempre olvidado campesino. En el papel todo parece estar bien y bonito, incluso suena moderno. Pero cuando uno mira en detalle, encuentra lo que siempre encuentra en este tipo de “operaciones” tierra de por medio, y quienes la tienen clara saben que detrás del crédito barato viene un posible desalojo nada ruidoso.

El presidente Paz asegura que la ley es voluntaria. “El que quiere se aplica la norma, el que no, no”, dice. Pero en política, lo voluntario suele ser un cuchillo de doble filo y el campesino siempre esta del lado de la hoja. Porque cuando una ley permite que la pequeña propiedad se convierta en mediana propiedad con una simple y sencilla solicitud, el efecto colateral no se quedará en quien “quiere”. El pequeño productor que no quiera convertir su tierra, probablemente, se enfrente a un vecino que sí lo hizo, a un empresario que compró al que sí lo hizo, a una dinámica de mercado que generalmente presiona de maneras muy oscuras a quienes no pueden defenderse.

Y aquí lo más incómodo. La Constitución, en el artículo 396, establece que la pequeña propiedad es indivisible, inembargable y no está sujeta al pago de impuestos agrarios. La Ley 157, permite la conversión en mediana propiedad, y por lo tanto, abre la puerta a lo que la Constitución quiso cerrar, que la tierra de los campesinos pueda ser vendida, hipotecada, embargada, concentrada. Como dijo alguien entendido en el tema, “estamos ante los principios de una contrarrevolución agraria”.

Pero, mientras unos sospechosamente celebran y justifican la existencia de esta ley, los otros, los pueblos indígenas de Pando, ya están en marcha. Salieron de El Sena, llevan varios días de caminata y en su recorrido van sumando fuerzas. Normalmente el pensamiento cómodo de algunos citadinos, con esa actitud de superioridad moral que los caracteriza, diría que los marchistas son solo gente ignorante que está siendo utilizada, incluso, no dudarían en etiquetarlos como masistas. Sin embargo, no son unos pocos desinformados, como sugiere el gobierno y ese limitado grupo de citadino La gente no camina cinco días por gusto o por un malentendido. La gente camina porque sabe, porque recuerda, porque ha visto antes cómo las leyes que prometen desarrollo terminan entregando la tierra a quienes ya tienen vastas extensiones.

El senador Marinkovic habla de “libertad agraria”. Una bonita frase que incluye esa mal utilizada palabra “libertad”. Pero uno no puede evitar preguntarse qué entiende por libertad. ¿La libertad de vender la tierra a los empresarios? ¿La libertad de hipotecar el patrimonio familiar para después perderlo? Porque esa libertad parece una trampa muy bien fundamentada.

El gobierno habla de tasas de interés del 3% al 5%. Suponiendo que sea cierto, ¿qué pasa cuando la deuda no se paga? Porque en Bolivia, las cosechas a veces se pierden, los precios caen, las heladas llegan. Claro, para el banco, ese no un problema a considerar, simplemente ejecuta la garantía. Y la garantía es la tierra. El campesino terminará sin tierra, sin negocio y posiblemente con una deuda que no podrá pagar. Parece que así funciona el “capitalismo para todos” que pregona el presidente.

Tomando en cuenta que hay cientos de trámites de dotación de tierras pendientes desde hace muchos años, la mayoría sin respuesta. Es sospechoso que esta ley se apruebe con una rapidez impresionante. Supongo que es una de sus prioridades que quedan más que claras. Ya no es la tierra para quien la trabaja, es la tierra para quien pueda comprarla.

La Ley 157 es corta, fácil de entender, para el que quiera leerla, apenas son unos pocos artículos. Pero su incidencia es muy grande. Porque no se trata de una norma técnica, se trata de un cambio profundo. Es el campesino que ya no será un productor pequeño, que ahora puede ser mediano. Y en ese “ya puede” es donde está la trampa, porque la historia de Bolivia, la verdadera, esa que generalmente no te enseñan en la escuela, está llena de campesinos que dejaron de ser pequeños, pero para terminar siendo nada.

La marcha desde Pando es la memoria y ahora también la advertencia. Esperemos que el gobierno la escuche antes de que sea demasiado tarde. Porque cuando la tierra cambie de manos, cuando el banco haga lo que mejor sabe hacer, ya no habrá ley que devuelva las tierras. Solo quedará el amargo sabor de haber vendido lo prohibido como si fuera un regalo.

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