En algunas ocasiones vemos ciertas cosas en política y uno no sabe si reír o preocuparse. El cabildo que convocó Nilton Condori en El Alto fue una de esas extrañas cosas. Llegó gente desde las provincias, desde las regiones del interior, algunos cargando ponchos rojos y polleras verdes, trayendo consigo el peso de la CSUTCB, esa fuerza que en su momento tuvo más importancia de la que tiene ahora. Pero lo que vi no fue un cabildo popular, fue una total puesta en escena. Un montaje político donde las bases pidieron renuncia y los organizadores dieron una tibia respuesta con plazo de quince días. Donde las demandas reales se esfumaron en resoluciones que nadie aplaudió con convicción, ojo, estuve ahí no me lo contaron.
Empezaré por lo más evidente, el senador Condori al parecer aún no sabe qué es. O tal vez sí sabe, pero no quiere decirlo. Dice que odia el socialismo, pero sus propuestas son aún más socialistas que las del MAS en su mejor momento. Pide penas capitales, habla de revolución, exige rebajas salariales a los eternos burócratas y control estatal. Pero si lo pensamos seriamente, eso es no tener la menor idea de dónde uno está parado, o peor, tenerla y decidir que la incoherencia es un buen negocio. Básicamente es populismo puro y duro. Porque uno no puede odiar el socialismo y abrazar sus principios al mismo tiempo. Eso no es pluralismo, es simple falta de columna vertebral y no creo que sea por desconocimiento. Porque vaya que esa incoherencia le ha funcionado hasta ahora. Tengo entendido que fue candidato por varias siglas, que puso su capital étnico al servicio de Doria Medina, luego de alabar a Patzi como un nuevo Túpac Katari y ahora se viste de caudillo antisistema, mientras toma del brazo a la CSUTCB. Personalmente no creo que sea un político con proyecto, me animaría a repetir lo que algunos otros afirman, es un “qamaqi” (zorro) político que va donde sopla mejor el viento.
Lo que se percibió en el cabildo fue un reflejo de esa contradicción andante. Porque la convocatoria la hace Condori con bastante tiempo y con la mediatización correspondiente, pero al final la masa la puso la CSUTCB. Los ponchos rojos y las polleras verdes no llegaron por las propuestas simples de las que se apropio el Senador Nilton, llegaron porque la dirigencia campesina movilizó su estructura territorial. Sin ellos, y conociendo El Alto no se habría llenado ni media plaza. Y eso, es necesario decirlo. Me parece una virtud del senador suplente, saber cuánto es su arrastre propio, porque tiene la astucia de subirse al caballo correcto ¿o será toro correcto? El problema es que estas fuerzas efímeras tienden a cansarse rápidamente. Y la dirigencia campesina, que ya ha visto pasar decenas de pseudo-líderes, no debería seguir cayendo en la misma trampa del liderazgo personalista, del hombre que viene a salvar al pueblo, cuando la experiencia reciente con Eva Copa o Santos Quispe nos enseña que el pueblo ya no compra fácilmente discursitos a medida.
Quizás lo más interesante fue ver cómo se excluyeron deliberadamente ciertos temas. René Yahuasi se retiró insatisfecho porque nadie quiso hablar de la segunda vuelta en La Paz, no se malentienda, tampoco apoyo a Yahuasi, pero si a ese reclamo legítimo que defiende el voto popular y la democracia misma. ¿Esto habrá sido casualidad? No lo creo. Hablar de Yahuasi era darle espacio a otro supuesto liderazgo, y Condori no creo que quiera compartir reflectores. Algo parecido pasó con la exigencia de renuncia inmediata del presidente Paz. La mayoría de los asistentes pedía veinticuatro horas, pero la resolución final terminó con un tibio plazo de quince días. Un trabajador minero subió al escenario y dijo lo que muchos pensaban “Al pueblo no se lo puede traer en vano. La posición que está pidiendo el pueblo es la renuncia del presidente”. Pero… su intervención y su voz, como tantas otras, quedaron enterradas bajo resoluciones que evidentemente fueron escritas de antemano. Hubo denuncias de infiltrados al momento de aprobar las conclusiones, y sinceramente no es difícil creerlas cuando el resultado final no se parece en nada a lo que se gritaba en la calle.
Incluso salió Daniel Quispe, representante de las víctimas de 2019, que fue más duro en su crítica, ya que la calificó como “una mamada” y un engaño hacia las provincias. Dijo que fue una pantalla alineada al Gobierno. Hasta Evo Morales, que tiene sus propios problemas, señaló que en ese cabildo nada dijeron para defender La Paz sobre segunda vuelta, y recordó que Condori pertenece a Unidad Nacional, eso entre otros dirigentes que expresaron similares opiniones. Es interesante notar como distintos sectores coinciden en una crítica, por razones opuestas y desde trincheras distintas, es porque el desastre fue mayúsculo. Porque un cabildo que no resuelve, que aplaza, que desvía las demandas centrales, no es un cabildo popular, es una burda operación política. La pregunta incómoda que debería estar en la mesa es: ¿operación de quién? ¿De Nilton Condori buscando ser el nuevo caudillo del descontento? ¿Del Gobierno, que prefiere un cabildo tibio antes que una explosión social? ¿De nuestro hamburguesero favorito que sale con otro nuevo y oscuro plan? ¿O de todos ellos, cada uno usando al otro sin que nadie se atreva a decirlo en voz alta?
A donde quiero llegar. La política boliviana está llena de oportunistas, eso no es novedad. Pero lo que más preocupa de este episodio es que sectores como la dirigencia campesina y también el indianismo victimista prefiere encumbrar caudillos en lugar de construir ideas, en lugar de plantear visiones de país, mandatos. Después de tantos intentos fallidos, ya debería haber lecciones aprendidas, pero parece que no. Siguen cayendo en la misma idea trampa de liderazgos mesianicos que vienen a salvar al pueblo. Y Condori, con su odio declarado al socialismo y su práctica profundamente socialista camuflada con conceptos que solo él podría explicar, con su incoherencia elevada a método político, es solo el último eslabón de una cadena que no da más por tanta tensión.
El pueblo que sufre la falta de dólares, los salarios que no alcanzan, el terrible costo de la canasta familiar y la devaluación de facto de nuestra moneda. No necesita de este tipo de personajes. Necesita gente que sepa qué piensa, necesita coherencia, no shows de una sola noche. Necesita dirigentes que no se vendan tan fácilmente, que no cambien de camiseta según la conveniencia, que no utilicen la pobreza y la desesperación como escalera para sus ambiciones personales. Con total seguridad puedo afirmar que hoy Bolivia tiene un déficit de políticos serios, la mayoría son solo figuras públicas, que poco saben de política y que van aprendiendo, mal, a costa de la población.
Este cabildo fue una oportunidad perdida, o quien sabe, tal vez no, tal vez fue simplemente lo que debía ser, el reflejo de una política que usa máscaras, pero que con el tiempo, siempre terminan cayéndose. Lo malo es que cuando caigan, detrás de ellas no quedará nada. Porque el arte de no ser nada, a la larga, siempre se descubre.