El Tribunal Electoral acaba de consumar un acto que quedará como un precedente nefasto para la democracia del país. Con la excusa de la “declinatoria” del NGP, ha decidido proclamar directamente gobernador de La Paz al candidato apoyado por el gobierno, Luis Revilla, ignorando todos los principios elementales del derecho electoral.
Pero lo más grave no es solo la sinrazón del procedimiento. Lo más grave es que, con los números en la mano, Revilla no tiene ninguna legitimidad para gobernar.
Hagamos cuentas claras, porque el Tribunal Electoral se empeña en esconderlas.
Según los datos oficiales, de un total de 1.727.770 votos emitidos en la primera vuelta, Revilla obtuvo solo 268.457 votos. Esto representa solo el 15,54% del total de la votación, cuando se incluyen los votos blancos y nulos.
Pero cuando solo se toma los votos válidos el número asciende al 20,27%, que tampoco es suficiente para ser un gobernador legítimo.
Un candidato que apenas convence a 15 de cada 100 votantes no puede ser ungido gobernador por decisión unilateral de un tribunal. Eso no es democracia. Es un fraude consumado con calculadora.
La excusa oficial cae, cuando el propio Yahuasi sale a denunciar que él no declinó su participación, que fue el dueño de la sigla de “NGP” quien decidió bajarlo. Es decir, no fue una decisión del candidato, sino una oscura maniobra de escritorio entre operadores políticos, todo por espacios laborales y cuotas de poder.
Esto es altamente irregular. En ningún manual democrático del mundo se habilita a un candidato porque el “dueño de la sigla” decide declinar por el candidato. Si el candidato no declina, su postulación debería seguir en pie, y si la norma permite que este irregular suceda, supuestamente tenemos a quienes deberían debatir y analizar los mejores métodos para honrar la democracia, sin embargo, esto no se realiza y terminan funcionando como una oficina dependiente del poder ejecutivo.
El Tribunal Electoral, en lugar de aplicar la ley, la retuerce para aplicar la voluntad del gobierno. Es demasiado evidente que todo estaba tranzado, y nos lo restriegan en la cara, hasta con conferencia de prensa.
Esto no es democracia. Es una dictadura, donde al final será mejor no ir a votar para esperar que el presidente designe a las autoridades departamentales y municipales, todo operado por un Tribunal Electoral que por sus acciones e inacciones aspira a ser denominado como el ente más corrupto de Bolivia.
En este punto, en que todos hacen lo que les da la gana, debemos cuestionarnos lo siguiente ¿con qué legitimidad gobernará Revilla que apenas logró 15,54% de los votantes?, ¿Es democracia cuanto un Tribunal Electoral se convierte en brazo operador del gobierno de turno?
Considero que es importante cambiar muchas cosas, pero también identificar a quienes atentan contra la democracia, ya que son sus decisiones las que generan mercenarios políticos, taxi partidos y figuras nefastas para Bolivia, definitivamente se debe hacer algo con el Tribunal Electoral para cambiar esta aterradora situación, lo contrario significara una nueva cadena de errores que generalmente afectan a los más pobres.