En una de las reuniones de los líderes del continente para hablar de futuro, de alianzas, de proyectos comunes. El anfitrión, terminó mostrando su verdadero sentir con un comentario en supuesto tono de broma “No voy a aprender su maldito idioma”. Y resulta que el “su” era el nuestro, el español, el que hablamos en Bolivia.
Pero lo que más llama la atención, no es la expresión desubicada del presidente de ese país. Lo que me inquieta es lo que ocurrió después, o mejor dicho, lo que no ocurrió. Porque ahí estaban, parados como modelos, os presidentes de varios países de Sud y Centro América. Hombres y mujeres que juraron representar a sus paises, defender sus intereses, honrar sus cultura. Y ninguno dijo esta boca es mía.
La escena pasara a la historia en video, un líder extranjero califica de “maldita” la lengua materna de media docena de jefes de Estado presentes. En cualquier país o lugar del mundo donde exista un mínimo de dignidad o patriotismo, eso habría provocado una respuesta lógica, una réplica, una protesta, el abandono de la sala. ¡Aquí no pasó nada!. Solo caras serias y ese silencio incómodo, parece que el único que lo disfruto fue su par de Argentina.
Entonces me pregunto… ¿Qué paso por la cabeza del presidente cuando escucho un insulto así? Por qué decidió callarse? ¿Qué miedo los paralizó? Porque… hablemos en serio, esto no es un comentario sobre aranceles o políticas migratorias. Es un golpe directo a la identidad de toda Bolivia y de todos los paises asistentes, a siglos de historia. Considero que callar ante eso no es prudencia, es rendición.
He visto personalmente y a través de la lectura de la historia, cómo nos prometen respeto y terminan dándonos solo migajas. Pero ver a Rodrigo Paz recibir un insulto de esta naturaleza sin inmutarse me hizo sentir una pena que no sabía que podia sentir. Porque al final, el silencio de él, termina siendo nuestro silencio. Su sumisión, nuestra derrota.
Estoy convencido de que el español no es un idioma maldito. Es la lengua que nos impusieron pero que también no permitió mantenernos en lucha, es la lengua de los poemas revolucionarios que salvaron la vida de miles. Es la lengua de 500 millones de personas. ¿Será que nuestros representantes lo creen así?. Porque ahora prefirieron no molestar al poderoso y agachar la cabeza.
Pero mientras ellos callan, nosotros seguiremos en las calles hablando en español, escuchando noticias en los medios en español. Seguiremos hablando y tal vez sea un recordatorio de que existimos, que nuestra dignidad no está en venta. Para que quede constancia de que aquel día, mientras un presidente extranjero nos insultaba de frente, hubo un continente integro que no se calló. Aunque sus presidentes no dijeran una sola palabra y lo tomaron como una ocurrencia de aquel al que limpiarían los zapatos si se los ordenara.