Definitivamente no puedo justificar lo injustificable. Quienes decidieron llevarse dinero en una escena trágica hicieron mal, es reprochable y punto. PERO OJO, de eso a lo que está pasando ahora, sobre todo en redes sociales hay mucha diferencia.
Veo cómo se está usando el error de unos pocos, para defenestrar la “identidad” de toda una ciudad. Porque no son “los alteños robando”, fueron algunas personas equivocadas recogiendo dinero en medio del caos.
Y mencionó algo que me parece fundamental y que NO es exclusivo de El Alto, ni siquiera de Bolivia.
Busquen casos parecidos en internet, con accidentes o similares en otros países, la gente también se llevó dinero o pertenencias. Facilmente se encuentran casos en República Dominicana, en México, en Filipinas, en Estados Unidos… Cuando un avión se estrella y algún dinero se esparce, lamentablemente en muchas partes del mundo hay quienes reaccionan así , de la misma manera, NO ESTA BIEN, pero es humano, no es “alteño”.
Entonces, ¿por qué en otros países se habla de delincuentes aislados o lamentables accidentes, y acá se habla de “la cultura alteña”, “los masistas” o “los indios”?…
Tal vez no se analice mucho, pero la respuesta es simple aunque muy muy incómoda, es porque hay un racismo profundo que espera cualquier excusa para activarse.
Me molesta porque esto no es para nada nuevo. Algunos aprovechan cualquier situación para ponerle un descalificativo a El Alto.
Eso sí, los mismos, premeditadamente se olvidan de las preguntas realmente importantes. ¿Quién controlaba el tráfico aéreo? ¿Dónde estaban los protocolos de seguridad ¿Por qué las autoridades del aerotransporte siguen sin dar la cara? Pareciera que se está intentando tapar la responsabilidad de algunos.
Defender a El Alto no es negar el hecho del error que cometieron algunos, es evitar echar combustible para profundizar un prejuicio racial que viene de décadas. Es tener claro que en El Alto también hay gente solidaria, trabajadora y honesta.
Cuando entendamos que El Alto es una ciudad con luces y sombras como cualquier otra, y no como el sinónimo de barbarie o el blanco fácil de la burla, entonces y solo entonces podremos hablar de autocrítica de verdad.